En realidad, la Luna no gira en
torno a la Tierra, sino que la Tierra y la Luna giran
en torno al centro de masas de ambos. Sin embargo,
al ser la Tierra un cuerpo grande, la gravedad que
sobre ella ejerce la Luna es distinta en cada punto.
En el punto más próximo es mucho
mayor que en el centro de masas de la Tierra, y
mayor en éste que en el punto más
alejado de la Luna. Así, mientras la Tierra
gira en torno al centro de gravedad del sistema
Tierra-Luna, aparece a la vez una fuerza que intenta
deformarla, dándole el aspecto de un huevo.
Este fenómeno se llama gradiente gravitatorio,
el cual produce las mareas. Al ser la Tierra sólida
la deformación afecta más a las aguas
y es lo que da el efecto de que suban y bajen dos
veces al día (sube en los puntos más
cercano y más alejado de la Luna).
Un efecto asociado es que las mareas frenan a la
Tierra en su rotación (pierde energía
debido a la fricción de los océanos
con el fondo del mar), y dado que el sistema Tierra-Luna
tiene que conservar el momento angular, la Luna
lo compensa alejándose, actualmente, 38 mm
cada año, como han demostrado las mediciones
láser de la distancia, posibles gracias a
los retro-reflectores que los astronautas dejaron
en la Luna.