Los anillos de Saturno se observaron
por primera vez en julio de 1610. Le cupo tal mérito
a Galileo Galilei. En parte porque las imágenes
que daba el recién inventado telescopio, eran
de mala calidad;para aquel entonces, y en parte porque
hacía sólo unos meses que había
descubierto los cuatro mayores satélites de
Júpiter, pensó inicialmente que las
estructuras borrosas, parecidas a orejas, que había
visto, eran dos satélites próximos a
Saturno. Pronto cambió de opinión. Aquellos
"extraños apéndices" no variaban
su posición respecto a Saturno de una noche
a la siguiente y, además, desaparecieron en
1612. Sucedió que los anillos habían
quedado orientados con su plano según la visual
desde la Tierra en 1612 y con ello se habían
hecho muy débiles. La geometría de los
apéndices dejó perplejos a los astrónomos,
hasta el punto de llegarse a proponer que se trataba
de asas unidas a Saturno o que constaban de varios
satélites en órbita solamente alrededor
de la parte posterior de Saturno, por lo que nunca
arrojaban sombra sobre el planeta.
Finalmente, en 1655, Christiaan Huygens sugirió
que los apéndices eran el signo visible de
un disco de materia delgado y plano, separado del
planeta y dispuesto en el plano ecuatorial de éste.
Dependiendo de cuáles fueran las posiciones
de Saturno y de la Tierra en sus respectivas órbitas
alrededor del Sol, la inclinación del disco
respecto a la Tierra variaría; de ahí
que su apariencia variase también desde la
de una delgada línea hasta la de una ancha
elipse. El ciclo de los anillos al igual que la
órbita del planeta Saturno duraba 30 años.